El joven corría y corría, notaba cómo el sudor le empapaba
la ropa y cómo el largo pelo negro le tapaba la cara, pero el chico no paraba,
porque necesitaba huir.
Huir de la muerte.
Así que corría, corría todo lo que podía, dado que la vida
le dependía de ello, hasta que, de repente, algo se interpuso en su camino y
acabó cayendo al suelo.
-Pe…pero… no… no puede ser… ¿¡CÓMO HAS CONSEGUIDO
PILLARME?!-dijo el chico, mirando la figura que se mostraba ante él.
-Ya sabes lo que dicen de los monstruos… que hacen cosas
raras.
El chico gritó y gritó, pero nadie lo oyó, dado que en ese
solitario bosque no vivía nadie.
Excepto…
Abrí los ojos lentamente, oh dios, perfecto, estaba en una
habitación desconocida, otra vez. Giré la cabeza y… sí, como temía, tenía una
mujer desconocida al lado.
Otra vez.
La habitación en la que me encontraba era bastante lujosa,
mira, eso sí que es una variación, me suelo despertar en habitaciones baratas
de hoteles baratos y con mujeres aún más baratas al lado, pero esta vez estaba
en una habitación amplia, con modernos muebles de diseño y un gran tocador con
un precioso y gran espejo.
Me levanté, con cuidado de no despertar a la joven de largos
cabellos rubios que dormía a mi lado y me miré en el espejo.
El pelo negro me caía despeinado por toda la cara aunque
dejaba al descubierto dos ojos azules adornados con unas preciosas ojeras que
yo ya estaba acostumbrado a ver.
Mi morena piel y mi musculoso torso desnudo también gozaban
de unos preciosos arañazos como adorno, vaya, parecía que la tierna gacela con
la que me había acostado anoche era un tigre en la cama.
Espera, espera, espera un segundo, me volví a mirar al
espejo… sí… me faltaba algo.
Mi sombrero.
Mi corazón dejó de latir un segundo, mierda, ¿dónde había
dejado mi sombrero? Desgraciadamente mi
sombrero no es un sombrero normal, es como… parte de mí, es como… el sexo sin
los preliminares, como la vida sin música… no sé si me entendéis.
Miré por toda la habitación, debajo de mi ropa, de la suya,
abrí armarios, cajones y… lo encontré, sí, debajo de la cama… ¿cómo cojones
acabó ahí?
-Hmmmm, veo que ya te has despertado-dijo una sensual voz
sobre mi cabeza- ¿listo para un segundo asalto, tigre?
Cuando salí de debajo de la cama (con el sombrero ya puesto,
claro) una sensual mujer desnuda me esperaba de pie, deseándome con la mirada,
jugueteando con mis calzoncillos. Así que hice lo que todo buen hombre haría.
-No, he quedado, así que devuélveme mis calzoncillos… o
mejor, quédatelos, mira, de recuerdo-dije, mientras me ponía los vaqueros y la camiseta.
-Bien, no sabes lo que te pierdes-contestó la joven rubia,
mientras me observaba con enfado.
-Sí, sí que lo sé y… tampoco estuviste tan bien-dije, justo
antes de salir corriendo de la habitación, mientras oía los insultos y las
injurias de la chica que acababa de dejar plantada.
Al salir de casa me ubiqué,
bien, estaba en el barrio moderno de Hinivia, así que con coger un taxi
llegaría en unos 10 minutos a la cafetería de siempre.
-Buenos días-dije, al entrar en “Kings and Queens” nuestra
cafetería favorita.
Era un lugar acogedor, en pleno centro de Hanivia, no era muy grande, solo había cinco mesas con sus correspondientes sillas, un
par de sillones y la barra, pero a nosotros nos encantaba.
-Dios mío Aham, llegas más tarde que de costumbre-me dijo
Anna, la simpática dueña del local- anda, tira a la mesa de siempre, te están
esperando.
Y eso hice, me senté en mi sitio de siempre, en la mesa de
siempre y saludé a los que ya estaban allí, tomando lo de siempre.
-Emmmm, siento llegar tarde- dije, aunque no me esforcé lo
más mínimo en disimular que no me arrepentía en absoluto.
-No pasa nada, supongo que estarías entre las piernas de
alguna ramera barata, para variar- contestó Mary, encadenando una larga risa a
su comentario.
Mary era una chica muy guapa, no muy alta, con un largo pelo
castaño y unos grandes y preciosos ojos almendrados. Vestía con una camiseta
que dejaba al descubierto su hombro y unos “shorts” totalmente normales en ella
cuando llega el calor, aun teniendo 21 años, la chica aparentaba menos. Era de
constitución delgada, aunque no esquelética, y tenía unas largas piernas fibrosas
que demostraban su gran afición a todo tipo de deportes.
-Espero que hayas usado protección, pedazo de bestia, cuando
la última vez me dijiste que no casi me da un ataque- intervino Harry, con su
habitual media sonrisa.
Harry era un chico de complexión fuerte y atlética, tenía un
pelo rubio, casi del color del platino, y unos increíbles ojos verdes, siempre
llevaba una camisa con corbata y unos pantalones vaqueros (siempre largos,
consideraba los pantalones cortos “poco elegantes”) y una barba de dos días presente en su cara.
-Sí, bueno, no sé, estaba muy borracho-respondí, rascándome la
cabeza, totalmente confundido.
-Para variar-dijeron los dos al unísono.
Nuestras risas llenaron la cafetería.

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