martes, 21 de mayo de 2013

It's so easy.



-It’s so easy, easy
When everybody’s tryin’ to please me baby
Yeah, it’s so easy, easy
When everybody’s tryin’ to please me.
De repente, el amplificador reflejó un estridente sonido.
-Mierda-dije, pensando en voz alta- está jodidamente desafinada, seguro que ha sido Mary jugando con ella otra vez, ¿cuántas veces le he dicho que no toque a mi querida Petit? Pues nada, que ella siempre acaba tocándola, si es que es de lo que no hay…-me quejé, mientras giraba las clavijas de mi vieja (y querida, muy querida) Fender para afinarla.
Hablando de la reina de Roma, cuando mi teléfono sonó encima de la mesa de mi cuarto y vi su cara en la foto, una sonrisa irónica se adueñó de mi cara.
-Descolgar-le ordené al teléfono y, antes de que le diera tiempo siquiera a hablar empecé a regañarla- mira Mary, ¿cuántas veces te he dicho que no cojas a Petit? ¿Sabes la barbaridad que ha sonado cuando intentaba tocar “It’s so easy”? Seguro que no lo sabes, claro, porque lo único que tú haces es cogerla y “tocar” (aunque más bien las destrozas) esas canciones de rock moderno maricón que tanto os gusta a las mujeres.
-Dios, que pesadito con la guitarrita-suspiró ella- te he llamado para algo serio, me han llamado al móvil cuando estaba en el taller, adivina quiénes tienen un nuevo caso entre manos. Te doy una pista, somos nosotros-dijo, con una gran alegría en la voz-espera en el piso, en seguida llegamos yo y Harry y os lo explico todo.
Oí el teléfono colgarse.
Tras varios meses, teníamos otro caso.
Volví a poner la mano izquierda en el mástil y seguí tocando, esta vez con una sonrisa de pura alegría en la cara.
***
Oí cómo la puerta del piso se abría, así que dejé mi Fender a un lado y me levanté a recibir a los chicos.
-¿Cómo es eso de que tenemos otro caso?-le pregunté, mientras nos dirigíamos al salón.
-Buenos días a ti también ¿eh?-rio ella, luego se puso de puntillas y me dio un suave beso en la mejilla- anda, no te pongas nervioso, tenemos que esperar a Harry ¿recuerdas?
-Pf, ese capullo estará ayudando a una abuelita a cruzar la calle o algo así.
-¿Te molesta que sea buena persona?-dijo Mary, mientras se cambiaba la camiseta para ponerse una más cómoda, al llevar años viviendo juntos yo ya estaba acostumbrado a verla en ropa interior, a veces hasta con menos, además, decía que si en verano la podemos ver en bikini ¿por qué no le podríamos ver en ropa interior?- además-añadió, mientras se sentaba en el sofá y encendía la televisión con un gesto de la mano- a muchas chicas nos gustan las buenas personas.
Solté un bufido y me senté en el viejo sofá naranja del salón.
Miré la habitación por enésima vez.
Era una habitación relativamente grande, con una mesa de cristal en medio de la estancia, después estaba el sofá, viejo, rinconera y de un color naranja que ya había cambiado con el tiempo.
A la derecha del sofá, una puerta de cristal llevaba a un gran balcón, a la izquierda, un montón de librerías y justo enfrente del mueblo donde nos sentábamos, una televisión, no era ni muy grande ni muy pequeña.
Al mirar la televisión, me fijé más en ella, tenía una mini cámara acoplada justo arriba, sonreí al recordar el día en el que Mary la instaló, diciendo que era su nuevo experimento, que escaneaba la habitación y obedecía a órdenes corporales. Mary era una desarrolladora independiente de hardware y software, mucha gente la consideraba una visionaria y muchas empresas estaban dispuestas a pagarle millones por su exclusividad, pero ella rechazó todas las ofertas, decía que no pensaba dejar que el dinero se nos subiese a la cabeza dado que nos tenía que servir a nosotros de peso para tener los pies en el suelo.
Suspiré y me dispuse a ver qué estaba viendo Mary en la televisión, gruñí al ver que eran las noticias, cuando me disponía a levantar la mano para cambiar de canal, Mary me agarró el brazo y me dijo, con una maliciosa sonrisa en la cara:
-Atento a esto, que te interesa.
Me centré en la noticia que estaba dando y se me abrieron los ojos como platos.
No podía ser.

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