viernes, 17 de mayo de 2013

Night of the explorer.


Los silbidos de Jake rompían el silencio del bosque, ese día estaba feliz, a sus 19 jóvenes años nunca había ido él solo a un bosque.
Jake era un “explorador” en Aria había grupos de hombres que se dedicaban a explorar distintos entornos naturales (desde bosques y praderas hasta glaciares y desiertos) para revisar su correcto cuidado y que no había nada extraño en dichos entornos.
Normalmente, los exploradores no se adentraban solos hasta los 25 años, pero la maestría y la profesionalidad que demostró Jake desde que empezó a trabajar prematuramente a sus 16 años hizo que la agencia nacional de exploradores hiciera una excepción por una vez.
Total, Jake era de Hanivia, una gran ciudad cuya única extensión explorable era un bosque no muy grande en el sur de la población.
"¿Qué podría salir mal?"
Eso es lo que pensaba Jake, mientras silbaba, despreocupado y jugueteaba con el “falso piercing” de su ceja derecha. El falso piercing era una de las últimas patentes de hardware que le había dado el servicio de exploradores.
“-Se lo compramos a una desarrolladora de hardware totalmente independiente-dijo el encargado de la zona de Hanivia, totalmente ilusionado, mientras le colocaba un falso piercing en cada ceja- en realidad son como dos botones, en cuanto los pulses, se activará un mecanismo que hará que se estiren y de ellos salgan unas gafas detectoras de calor. ¿¡No es increíble lo que avanza la tecnología?! A tu edad para conseguir unas gafas detectoras de calor normales tenía que vender un riñón, como mínimo…”
Así que Jake jugueteaba con las gafas, dándole al botón repetidas veces, de vez en cuando miraba a su alrededor por si veía alguna marca roja que le señalara vida pero no detectó nada.
Cuando ya había dado una larga vuelta por el bosque y estaba pensando en volver a la ciudad, una mancha roja en sus gafas le llamó la atención.
“No está muy lejos, solo a 30 metros de aquí” pensó Jake, observando las coordenadas que le marcaban las pantallas ante sus ojos.
...
Cuando Jake llegó al lugar del punto rojo (totalmente sudado, nervioso y con una pistola de simples balas electrificadas en sus manos) la visión le revolvió las tripas.
No podía creer lo que estaba viendo, no, eso no era real, no podía ser, en su bosque, su primer día…
Antes de que pudiera siquiera llamar a por ayuda, Jake vomitó todo el desayuno encima de un árbol.
No podía ser real. Estaba soñando. Era todo una horrible pesadilla.

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