Los silbidos de Jake rompían el silencio del bosque, ese día
estaba feliz, a sus 19 jóvenes años nunca había ido él solo a un bosque.
Jake era un “explorador” en Aria había grupos de hombres que
se dedicaban a explorar distintos entornos naturales (desde bosques y praderas
hasta glaciares y desiertos) para revisar su correcto cuidado y que no había
nada extraño en dichos entornos.
Normalmente, los exploradores no se adentraban solos hasta
los 25 años, pero la maestría y la profesionalidad que demostró Jake desde que empezó a trabajar prematuramente a sus 16 años hizo que la agencia nacional de
exploradores hiciera una excepción por una vez.
Total, Jake era de Hanivia, una gran ciudad cuya única
extensión explorable era un bosque no muy grande en el sur de la población.
"¿Qué podría salir mal?"
Eso es lo que pensaba Jake, mientras silbaba, despreocupado
y jugueteaba con el “falso piercing” de su ceja derecha. El falso piercing era
una de las últimas patentes de hardware que le había dado el servicio de
exploradores.
“-Se lo compramos a una desarrolladora de hardware
totalmente independiente-dijo el encargado de la zona de Hanivia, totalmente
ilusionado, mientras le colocaba un falso piercing en cada ceja- en realidad son
como dos botones, en cuanto los pulses, se activará un mecanismo que hará que
se estiren y de ellos salgan unas gafas detectoras de calor. ¿¡No es increíble
lo que avanza la tecnología?! A tu edad para conseguir unas gafas detectoras de
calor normales tenía que vender un riñón, como mínimo…”
Así que Jake jugueteaba con las gafas, dándole al botón
repetidas veces, de vez en cuando miraba a su alrededor por si veía alguna
marca roja que le señalara vida pero no detectó nada.
Cuando ya había dado una larga vuelta por el bosque y estaba
pensando en volver a la ciudad, una mancha roja en sus gafas le llamó la atención.
“No está muy lejos, solo a 30 metros de aquí” pensó Jake,
observando las coordenadas que le marcaban las pantallas ante sus ojos.
...
Cuando Jake llegó al lugar del punto rojo (totalmente
sudado, nervioso y con una pistola de simples balas electrificadas en sus manos) la visión
le revolvió las tripas.
No podía creer lo que estaba viendo, no, eso no era real, no
podía ser, en su bosque, su primer día…
Antes de que pudiera siquiera llamar a por ayuda, Jake
vomitó todo el desayuno encima de un árbol.
No podía ser real. Estaba
soñando. Era todo una horrible pesadilla.

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