El presentador de televisión observaba a cámara y se
aclaraba la garganta, se le notaba más nervioso de lo normal, lo cual me
extrañó, dado que era un presentador con muchos años de carrera y, a mi
parecer, pocas noticias podrían impresionarle ya.
Empezó a hablar.
-Buenos días a todos, bienvenidos a las noticias de la
tarde, hoy… bueno, tenemos una extraña noticia que dar-se interrumpió, tragó
saliva y continuó- el presidente del Partido Joven Socialista de Aria ha
desaparecido…
-¡AJAJAJAJAJA!-rió Mary, a mi lado.
-¡Shhh!-le chisté, algo desconcertado por su repentina risa
y volví a prestar atención a la televisión.
-… todos sabemos los malos recuerdos que trae esto al país,
dado que no se dan casos de desaparición de políticos desde la 2ª Guerra de
Aria, comúnmente conocida como “El Infierno”,
días que todos desearíamos borrar de nuestra cabeza para siempre, pero
sucesos como este nos devuelven a malas épocas. Si alguien ve al susodicho
presidente, cuya foto tienen en la esquina superior derecha de su pantalla,
deben llamar al telé…
En ese momento, Mary levantó la mano y cerró el puño,
apagando así el aparato. Después, se me quedó mirando, esperando alguna
reacción.
Me quité el sombrero y me rasqué la cabeza, confuso por lo
que acababa de ver ¿habían secuestrado a un político? ¿En Aria? Hacían ya unos
30 años de “El Infierno”, la devastadora guerra que acabó quemando medio país,
en esa época montones de cargos políticos murieron o desaparecieron en extrañas
circunstancias, era normal, era una guerra entre capitalistas y comunistas, el
asesinato político era una gran estrategia de combate.
Pero ahora, en plena época de paz…
-Un poco extraño ¿no? De repente desaparece un político… de
ideología socialista… no sé, es raro, pero ¿por qué debería haber prestado
atención a la noticia?-pregunté, mirando a Mary fijamente.
-Eh, quieto, tigre-me contestó, mientras miraba su reloj-
cuando llegue Harry te lo contaré todo.
Suspiré y miré el reloj, las
17:40, Harry debería estar al caer.
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La llamada de Mary pilló a Harry en el trabajo, Harry había
sido policía, uno de los mejores que habían pisado Aria, según su jefe, pero a
los dos años de estar en el cuerpo, decidió dejarlo, según él “La policía hoy
en día se preocupa más en dispersar a los manifestantes que en encarcelar a los
ladrones de verdad” por lo que decidió empezar a dar clases de artes marciales
a niños pequeños, no ganaba mucho, pero le encantaba su trabajo.
Su móvil empezó a sonar mientras enseñaba a un chico cómo
golpear con la rodilla mientras daba un salto sin hacerse daño en la caída.
-Disculpad, chicos, oh, pero si ya son las 17:30, podéis
iros. ¡Pasad buen fin de semana!
Los niños se fueron con cortas y alegres despedidas,
mientras jugueteaban entre ellos.
-Descolgar-ordenó al teléfono que descansaba en su despacho,
justo al lado del tatami.
-¡BUENAS TARDES, HARRY!-me gritó la voz de Mary, al otro
lado de la línea- ¿Qué tal los niños? ¿Muy pesados hoy?
-Jajaja, no, uno me ha dado un buen golpe en la espinilla,
pero solo eso-respondió, mientras se frotaba la espinilla golpeada- ¿y tú? ¿Mucho
viejo salido pidiéndote robots con las que mantener una noche de pasión?
-No muchos, los típicos.
Una gran carcajada sonó en la habitación, procedente de los
dos lados del teléfono.
-Bueno, voy al grano-dijo Mary- tenemos un nuevo caso, sí,
como lo oyes, así que ven a casa ¡YA! Voy a avisar a Aham ¡adiós!
El teléfono colgó.
Mientras Harry salía de su local y cerraba la puerta, su
mente no paraba de bullir, ¿un nuevo caso? ¿Ahora? ¿De repente? ¿Después de
tanto tiempo?
El joven dejó la bolsa de ropa en el maletero y subió a su
viejo BMW rojo pasión.
***
“¿Quién es ese hombre?” se preguntó Harry, escondido en el
callejón que había justo al lado de su piso. “No lo he visto nunca y desde
luego, no tiene buena pinta”.
Delante de su casa había un señor, encorvado, con una
sudadera y la capucha puesta, no se le veía ninguna parte del cuerpo, pero
miraba fijamente los nombres de los telefonillos.
Harry se acercó al hombre.
-Perdone ¿busca a alguien?-preguntó, con toda la amabilidad
del mundo.
-No gracias-la voz del hombre era ronca, parecía que hasta
le costaba hablar- ya… ya me iba…-dijo, mientras se giraba.
-No, perdone-Harry le agarró de la manga de la sudadera y se
le movió un poco la capucha.
Pudo ver un su mejilla.
El hombre se desasió de su brazo y se fue, Harry pronto lo
perdió de vista.
Estupefacto, el chico llegó a su casa, abrió la puerta y,
antes siquiera de que Aham le dijera el típico “Ya era hora” Harry gritó.
-Chicos, os tengo que contar una cosa…




